Thursday, October 12, 2006

Entidad Biológica Extraterrestre (EBE)

Wednesday, August 02, 2006

CASA DE FIERAS



Heme aquí soy tu perro de piel a rayas
Y dientes de espadas para morderte, para ladrarte
Heme aquí soy tu serpiente para tentarte
Con la manzana del sol envenenarte
Heme aquí soy tu rinoceronte vestido de payaso
Haciendo juegos malabares para hacerte reír
Heme aquí soy tu jirafa. Mayúscula
En el texto del día, léeme A
Heme aquí soy el águila del ocaso
Con mi corazón en el pico encendido como un faro.

Max Blecher
Traducción de Joaquín Garrigós


Max Blecher (1909-1938) Es uno de los grandes escritores de la que se llamó «joven generación» de la literatura rumana. Su obra está marcada por un hecho capital en su vida y que tendrá una proyección en su obra: a los diecinueve años enfermó de tuberculosis ósea y pasó el resto de su breve vida inmovilizado dentro de un corsé de escayola, con una existencia casi de larva. Se le ha llamado el Kafka rumano. Émulo del escritor checo, de Bruno Schultz y de Walser, pero que, a diferencia de ellos, escribió en una lengua sin circulación, lo cual le impidió convertirse en escritor europeo. Novelista y poeta, su literatura es eminentemente surrealista, en cuya corriente se integró. André Breton le publicó algunos poemas en francés escritos durante su estancia en el sanatorio de Berck.
Aun cuando su debut literario fue acogido con entusiasmo, entre otros, por Eugène Ionesco, no fue lo suficientemente valorado hasta hace poco. Primero, su condición de judío lo condenaba casi al ostracismo en una época trágica; segundo, durante los años del poder comunista, el surrealismo era duramente combatido por el sistema.

Friday, July 07, 2006

A JARIFA EN UNA ORGÍA

Trae, Jarifa, trae tu mano, ven y pósala en mi frente,
que en un mar de lava hirviente
mi cabeza siento arder.
Ven y junta con mis labios
esos labios que me irritan,
donde aún los besos palpitan
de tus amantes de ayer.
¿Qué la virtud, la pureza?
¿Qué la verdad y el cariño?
Mentida ilusión de niño
que halagó mi juventud.
Dadme vino: en él se ahoguen
mis recuerdos; aturdida,
sin sentir, huya la vida
paz me traiga el ataúd.
El sudor mi rostro quema,
y en ardiente sangre rojos
brillan inciertos mis ojos,
se me salta el corazón.
Huye, mujer; te detesto,
siento tu mano en la mía,
y tu mano siento fria,
y tus besos hielo son.
¡Siempre igual! Necias mujeres,
inventad otras caricias,
otro mundo, otras delicias,
¡o maldito sea el placer!
Vuestros besos son mentira,
mentira vuestra ternura,
es fealdad vuestra hermosura,
vuestro gozo es padecer.
Yo quiero amor, quiero gloria,
quiero un deleite divino,
como en mi mente imagino,
como en el mundo no hay;
y es la luz de aquel lucero
que engañó mi fantasía,
fuego fatuo, falso guía
que errante y ciego me tray.
¿Por qué murió para el placer mi alma,
y vive aún para el dolor impío?
¿Por qué si yazgo en indolente calma,
siento en lugar de paz, árido hastío?
¿Por qué este inquieto abrasador deseo
¿Por qué este sentimiento extraño y vago,
que yo mismo conozco un devaneo,
y busco aún su seductor halago?
¿Por qué aún fingirme amores y placeres
que cierto estoy de que serán mentira?
¿Por qué en pos de fantásticas mujeres
necio tal vez mi corazón delira,
si luego en vez de prados y de flores,
halla desiertos áridos y abrojos,
y en sus sandios o lúbricos amores
fastidio sólo encontrará y enojos?
Yo me arrojé, cual rápido cometa,
en alas de mi ardiente fantasía
doquier mi arrebatada mente inquieta
dichas y triunfos encontrar creía.
Yo me lancé con atrevido vuelo
fuera del mundo en la región etérea,
y hallé la duda, y el radiante cielo
vi convertirse en ilusión aérea.
Luego en la tierra la virtud, la gloria
busqué con ansia y delirante amor,
y hediondo polvo y deleznable escoria
mi fatigado espíritu encontró.
Mujeres vi de virginal limpieza
entre albas nubes de celeste lumbre;
yo las toqué, y en humo su pureza
trocarse vi, y en lodo y podredumbre.
Y encontré mi ilusión desvanecida,
y eterno e insaciable mi deseo.
Palpé la realidad y odié la vida:
sólo en la paz de los sepulcros creo.
Y busco aún y busco codicioso,
y aun deleites el alma finge y quiere;
pregunto, y un acento pavoroso
"¡Ay!, me responde, desespera y muere.
Muere, infeliz: la vida es un tormento,
un engaño el placer; no hay en la tierra
paz para ti, ni dicha, ni contento,
sino eterna ambición y eterna guerra.
Que así castiga Dios el alma osada
que aspira loca, en su delirio insano,
de la verdad para el mortal velada,
a descubrir el insondable arcano".
¡Oh, cesa! No, yo no quiero
ver más, ni saber ya nada;
harta mi alma y postrada,
sólo anhela descansar.
En mí muera el sentimiento,
pues ya murió mi ventura;
ni el placer ni la tristura
vuelvan mi pecho a turbar.
Pasad, pasad en óptica ilusoria,
y otras jovenes almas engañad;
nacaradas imágenes de gloria,
coronas de oro y laurel, pasad.
Pasad, pasad, mujeres voluptuosas,
con danza y algazara en confusión;
pasad como visiones vaporosas
sin conmover ni herir mi corazón.
Y aturdan mi revuelta fantasía
los brindis y el estruendo del festín,
y huya la noche y me sorprenda el día
en un letargo estúpido y sin fin.
Ven, Jarifa; tú has sufrido
como yo; tú nunca lloras.
Mas, ¡ay, triste! que no ignoras
cuán amarga es mi aflicción.
Una misma es nuestra pena,
en vano el llanto contienes...
Tú también, como yo, tienes
desgarrado el corazón.

JOSÉ DE ESPRONCEDA